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Apreciado secretario de Estado, Marco Rubio: Le escribe un colombiano que lleva viviendo ya dos décadas en EE.UU. No tengo el placer de haberlo conocido en persona, lo he visto de lejos en eventos varios, pero desde siempre he seguido su meteórica carrera política con mucha admiración. La historia de su familia, una que ha vivido en carne propia los efectos nefastos de la dictadura comunista que destruyó a Cuba, es una que admiro mucho. Es una historia de resiliencia ante la adversidad, de poder comenzar de la nada en un país ajeno, pero uno que le brinda todas las oportunidades para salir adelante a la gente que tiene la entereza y el optimismo para levantarse todos los días al alba para así poder dejarle a las futuras generaciones un mejor porvenir.
Los que conocemos bien la historia de la relación reciente entre EE.UU. y Colombia no tenemos duda alguna de que el gobierno del presidente Trump tomará la decisión de descertificar a Colombia en septiembre entrante. Y esa decisión estará, desafortunadamente, acompañada de absolutamente toda la evidencia que sea necesaria para defender esa conclusión. La producción de cocaína en Colombia está desbordada, el ejército de Colombia está totalmente maniatado, y el gobierno de Petro se niega a rectificar el camino a pesar de la existencia de clarísima evidencia de que su estrategia apaciguadora para con el crimen ha sido un fracaso total. La famosa “paz total” del gobierno de Petro no es nada diferente a la rendición de las instituciones ante el crimen. Y los colombianos de a pie están pagando los costos de esta desgracia vía mucho menor crecimiento económico, una moneda débil, y un pesimismo sin precedentes para con el futuro de la nación.
Secretario Rubio, como todos sabemos, hay matices en el proceso de descertificación, y para la administración Trump sería un acierto asegurarse que el empresariado colombiano continúe siendo un gran aliado de los Estados Unidos. Los colombianos cometimos un error de proporciones históricas al elegir a un tipo Gustavo Petro como presidente de Colombia. Petro es un personaje que sufre de desbalances mentales agudos, y es un individuo cuya única motivación en la vida es la venganza, supuestamente lograr que la “élite” de Colombia sufra las consecuencias de sus locuras porque, como él mismo dice, “el pueblo lleva 200 años pagando los errores de la ‘élite’ capitalina.”
Pero, apreciado secretario Rubio, a pesar de todo lo que está pasando en Colombia en este momento, Gustavo Petro no va a tener opción diferente a entregar el poder en 2026, ya que las instituciones colombianas y el sector empresarial han demostrado ser un obstáculo muy importante a la barbaridad de gobierno que el pueblo colombiano escogió en 2022. En mi opinión, imponerle sanciones económicas a Colombia por culpa de la inestabilidad emocional del mandatario de turno en el país sería un error inmenso, porque lo único que lograría es afectar aún más a la clase empresarial de Colombia, una que siempre ha sido una aliada incondicional de los Estados Unidos.
Castigar al empresariado colombiano con sanciones atadas a la incapacidad del gobierno de Petro de luchar contra la delincuencia, por razones ideológicas o por simple ineptitud, solo generará aún más desempleo en Colombia y obligará a los industriales a buscar opciones alternas para vender sus productos en el mundo. Y ahí solo quedará un camino: la necesidad de los industriales de acercarse mucho más al régimen de la China. Estoy convencido que para EE.UU. sería un error de proporciones históricas perder un aliado con la relevancia geográfica y geopolítica como Colombia. Falta un año mal contado para que la tragedia que hoy está viviendo Colombia termine. No nos abandonen en este momento, secretario Rubio.