Analistas 25/02/2025

Parece que no pasara el tiempo

Alejandro Vera Sandoval
Vicepresidente técnico de Asobancaria

Mantener una inflación baja y estable tomó al país muchos años. Dos hitos de la política monetaria ayudaron en el objetivo. Por un lado, la independencia del Banco de la República, garantizada por la Constitución de 1991 y, por otro, la adopción del esquema de inflación objetivo en 2000.

En cambio, en las finanzas públicas parece que el tiempo no pasara. Desde hace décadas venimos hablando de un problema de déficit sin solución. En el transcurso de todo este tiempo han aparecido diferentes instrumentos e instituciones como el Marco Fiscal de Mediano Plazo (desde 2003), la Regla Fiscal (2011), o el Carf-Comité Autónomo de la Regla Fiscal (2021), pero el faltante estructural persiste.

De hecho, recordando análisis del año 2011 (que al gobierno de entonces no le gustó mucho), se decía que la regla fiscal era algo muy positivo, pero que, si no se resolvía el problema estructural, íbamos a terminar en ejercicios de contabilidad creativa y sin soluciones. Y aquí estamos 14 años después, en las mismas discusiones.

La solución estructural pasa por lograr superávits primarios que garanticen la sostenibilidad de la deuda y eso implica reducir el déficit entre dos y tres puntos del PIB. ¿Cómo hacerlo? Aparte de estimular el crecimiento, el análisis de las cifras muestra que la respuesta está en aumentar el recaudo en dos puntos del PIB y reducir los gastos, al menos, en un punto.

En materia tributaria, pese a que hacemos una reforma cada 18 meses, seguimos con faltantes de ingresos y esquemas que desincentivan la inversión. En este caso, el impuesto de renta ya no tiene mucho espacio y la solución no puede ser gravar más a los que ya pagan. Al contrario, hay que pensar en reducir el Imporrenta corporativo al tiempo que se buscan mayores recursos en aquel impuesto que olvidamos selectivamente desde hace varios años.

Extender el cobro del IVA a algunos bienes excluidos o exentos hoy, sin subir la tarifa y con devoluciones a los más vulnerables (como ya se hace en mucho países), tiene un potencial de recaudo de hasta 2% del PIB.

En el lado del gasto, hay que analizar qué tanto del incremento de cuatro puntos del PIB, de los últimos años, es necesario mantener. Y, estructuralmente, las tareas pendientes son focalizar el gasto social, y promover reformas y políticas que reduzcan la inflexibilidad presupuestal, que hoy en día es de cerca de 85% del presupuesto.

Este último dato de inflexibilidad resulta de sumar lo que el Estado gasta en pensiones, transferencias territoriales (SGP), salud, magisterio, intereses y nómina. Y es aquí donde se requieren acciones decididas que vayan en la dirección correcta. Por ejemplo, por un lado, se requiere una reforma al SGP totalmente diferente a lo aprobada recientemente.

Es decir, que garantice las coberturas sociales al tiempo que desliga su crecimiento del incremento de los ingresos de la Nación. Y, por otro lado, es clave mandar señales a los mercados de disciplina fiscal si queremos que nuestra prima de riesgo se reduzca y también lo hagan los intereses que nos cobran los acreedores.

Todos los instrumentos fiscales son positivos como herramientas de control. No obstante, primero hay que resolver el problema estructural de las finanzas públicas. Solo de esa manera podremos tener un Estado sostenible que garantice los bienes públicos que permitirán a la iniciativa privada generar crecimiento económico perdurable.