ANALISTAS 02/04/2025

El falso trilema

La República Más

Paz, seguridad y justicia son nobles ideales, expresiones del bien común, compatibles entre sí, que demandan buena voluntad y narrativas políticas que las conviertan en faros concurrentes, capaces de emanar ideas creativas y trazar rutas de acción sostenibles.

¿Qué acontece en Colombia que aún no logra configurar una visión y praxis política que entreteja y cohesione esta triada para convertirla en fundamento de la comunidad de propósito que anhelamos ser como país y la comunión de sentido que merecemos ser como nación?

Se ha impuesto un falso trilema respecto a estas tres luces: si queremos paz, hay que sacrificar seguridad y justicia; si queremos seguridad, hay que sacrificar paz y justicia, y finalmente, si queremos justicia, hay que sacrificar paz y seguridad.

A falta de buena voluntad que exigen los tres propósitos, sobran los voluntarismos obstinados, mesiánicos, caudillistas y populistas que se han apropiado de cada uno de ellos.

Plausibles ideales que las tres causas representan, han devenido en ideologías y banderas partidistas, ahítas de arengas estériles de creatividad, con atajos erosivos para la sostenibilidad democrática.

La paz está capturada por discursos supremacistas de izquierdas cada vez más siniestras que confunden paz con claudicación ante diversos grupos violentos.

La seguridad, y la defensa, predicadas por derechas cada vez menos diestras que no se sonrojan al proponer que cada colombiano empuñe su propia arma para autogestionar su propia seguridad y defensa.

La justicia ha caído en una vorágine de fórmulas transicionales y jurisdicciones especiales, qué lejos de reivindicar las víctimas del delito, han terminado en formas transaccionales al servicio de los victimarios, convirtiendo formas restaurativas y simbólicas de justicia en hazmerreir, al mostrase incapaces de imponer a violadores de derechos humanos y corruptos, a guisa de penas alternativas, al menos diez flexiones de pecho, o 20 cuclillas, o dos vueltas a la manzana trotando, mientras la paz y la seguridad se siguen envileciendo.

La paz, la seguridad y la justicia, deben convertirse en propósito de todos, para ser trabajados entre todos y para beneficio de todos, no como ha sido hasta ahora, propósitos, cada uno de ellos, capturados por unos cuantos, tramitados entre unos cuantos y para beneficio de unos cuantos.

¿En función de quien la paz, la seguridad y la justicia?

En función de los ciudadanos que se resisten a caer en los atajos de la violencia y de la corrupción; en función de empresarios, trabajadores, estudiantes, usuarios de servicios públicos, consumidores; nunca más, en función de victimarios violentos y corruptos.

¿Dónde materializar la paz, la seguridad y la justicia?

En las entidades territoriales, municipios y departamentos, donde se valoran sus beneficios y se sienten en carne viva los estragos que producen sus ausencias.

La paz, la seguridad y la justicia no resisten el inicuo centralismo de un acorralado presidencialismo y un Congreso capturado por el clientelismo.

Noble triada forman la paz, la seguridad y la justicia, que merece ser causa popular, libre de las garras populistas.