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Los Jefes de Estado tienen dos bloques de funciones que se deben complementar y retroalimentar en el ejercicio del buen gobierno. Tienen la función política que es propia del quehacer democrático y un segundo bloque de funciones que se concretan en el eficiente manejo de la cosa pública, es decir aquellas funciones gerenciales que hacen que se conviertan en hechos los deseos políticos.
Las funciones políticas se refieren a la capacidad de navegar en el sistema para que las diferentes instancias del estado asuman como propias las iniciativas que lo llevaron a poder. Al existir en una democracia diferentes ramas del poder, el Jefe de Estado es una especie de director de orquesta que requiere que las otras ramas no desentonen en lo que pretende sea su gran concierto de soluciones para el país. Es la labor delicada de convencer más que de vencer y la de buscar puntos coincidentes que permitan dar un paso adelante y volver normas las políticas que defiende el ejecutivo. Al fin y al cabo, la política es el arte de lo posible, no necesariamente de lo deseado.
En este bloque de funciones el gobierno Petro no ha sido exitoso ya que su visión de la sociedad es una en la que de un lado están los que están con él, los buenos, los que tienen sensibilidad social, los que luchan por el pueblo y son irrestrictos al caudillo, mientras que por el otro lado están los fascistas, la vieja oligarquía, los enemigos del “cambio”. Con esa visión de la sociedad está convencido el señor Presidente que su tarea es vencer y no convencer como se hace evidente en su talante conformacional.
No existe verdad posible más allá de la suya y cualquier sugerencia o modificación a esa verdad no es más que un intento más de las fuerzas reaccionarias por acallar el mandato popular. Resultado de este proceder, el Congreso y la justicia son sus enemigos a los que vencerá con el voto popular, mientras en medio de la violencia la sociedad se radicaliza en bandos irreconciliables generando fracciones que difícilmente pueden llevar al país a alguna forma de consenso.
El otro bloque se refiere a las funciones propias de gerencia de la cosa pública. Es decir, el manejo eficiente de la burocracia y el manejo pulcro de los dineros públicos todo ello con el fin de convertir en realidades sus propuestas de gobierno. Es en esta fusión que el Gobierno presenta su mayor debilidad ya que la inestabilidad en los ministerios y la politización de los cargos técnicos ha traído como consecuencia la inoperancia del aparato estatal. Es natural que con el triunfo de una nueva fuerza política se empiecen a ver caras nuevas en los carros oficiales, pero esas caras no solo tienen que ser afines ideológicamente y estar comprometidas, sino además deben tener la idoneidad necesaria para hacer posible sus metas. El presidente a su vez debe ejercer un papel gerencial y como ha quedado evidente en los consejos de gobierno su estilo gerencial es disociativo, autoritario y evade cualquier responsabilidad. Es más un auditor que un gerente.
El estilo de Gobierno en los dos frentes mencionados está llevando al país por un camino caótico y peligroso en el cual solo cabe una verdad, así los hechos demuestren el fracaso en la ejecución de las políticas públicas. Es con este escenario que se abre una nueva campaña política que anticipa el abandono completo de la labor gerencial del Estado durante el próximo año ya que su misión es vencer no gobernar.