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Luego de siglos de alarma por el crecimiento de la población, ahora nos encontramos con que el problema actual es el contrario. Y, a pesar de ello, no se ve por ninguna parte que alguien reconozca que se equivocó.
Es sorprendente la habilidad que tenemos los humanos de hacer, una y otra vez, pronósticos rotundos y supuestamente certeros, sin importar que algún tiempo después demuestren ser falsos.
Seguramente, usted como yo, creció en un ambiente angustioso en el que se nos repetía que el aumento de la población era imparable e insostenible, y que nos esperaba en pocos años una verdadera catástrofe. Esta alarma comienza con Malthus 1798, pero se intensifica con autores como Paul Ralph Ehrlich y su libro The Population Bomb (1968) o Isaac Asimov y su Metáfora del cuarto de baño (1988).
No son, claro, los únicos, pero podemos tomarlos como muestra. Ehrlich inicia su libro así: “La batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En la década de 1970, cientos de millones de personas morirán de hambre a pesar de los programas de choque que se han emprendido ahora. A estas alturas, nada puede impedir un aumento sustancial de la tasa de mortalidad mundial...”.
Afortunadamente, esta predicción resultó ser totalmente falsa. Más graves son las propuestas que planteaba. Por ejemplo, dado que, en su opinión, la India no sería capaz de alimentar su población, había que “tener el coraje” de suspender cualquier ayuda alimentaria al país. ¡Tal cuál!
Isaac Asimov es una persona completamente diferente, un erudito y un magnífico y prolífico escritor. Eso no lo eximió de equivocarse en este tema. En el programa A World of Ideas with Bill Moyers, disponible en internet, afirma cosas como que no cree que el mundo pueda sostener a más de 5.000 millones de personas y explica su metáfora del cuarto de baño según la cual si dos personas viven en una habitación con dos baños podrán usarlos cuanto quieran, pero que si son 20, habrá un serio problema. Sorprende lo ingenuo del razonamiento económico ¿Acaso, por ejemplo, veinte personas no podrán construir más baños o buscar formas creativas de usarlos?
Pues bien, ahora lo que nos preocupa es la falta de crecimiento de la población. Se habla de pensiones, altos costos de una población envejecida y de la desaparición de países y culturas. Parece que va a ser peor tener dos baños y nadie para usarlos.
Hace unos 20 años escuché al profesor Miguel de Zubiría hablar sobre el problema de los hijos únicos. El hijo único de padres, a su vez, hijos únicos, no tiene ni hermanos, ni primos, ni tíos. Y cuatro abuelos solo tendrán un nieto. Todo un gran problema que ya se vive en muchos países: la soledad y sus consecuencias en la salud mental.
Pero me interesa aquí hablar de la arrogancia del poder. Esto tiene enseñanzas para los directivos. Si personas inteligentes y preparadas cometen tales errores y dan semejantes recomendaciones de políticas públicas, ¿imaginémonos los errores que cometeremos los que con un cargo menor decidimos que lo sabemos todo?
Y nos pone alerta sobre las muchas y diversas advertencias y consejos que recibimos permanentemente sobre los más variados temas. Una dosis de escepticismo es necesaria para amainar nuestras ideas y a las de los demás.
¿Seremos demasiados o seremos pocos? Lo que sí somos es arrogantes.