ANALISTAS 02/04/2025

¡Hasta que te aburras!

Claudia Dulce Romero
Directora sede principal Politécnico Internacional

En mis últimas columnas he hablado sobre lo complejo que resulta tener un nuevo jefe. En ese proceso de conocerse y evaluar la química al trabajar, pueden surgir distintos escenarios: que la relación fluya de manera armoniosa, que existan puntos de encuentro y otros con margen de mejora, o que simplemente sea un completo fracaso. Hoy nos centraremos en este último caso y, en particular, en aquellos líderes que deciden mantener el mismo equipo de trabajo, pero sin saber o querer gestionarlo adecuadamente.

Cuando un jefe carece del coraje o la valentía para desvincular a un empleado con el que no conecta, suele recurrir a una práctica tóxica y dañina: la ley del hielo. En lugar de enfrentar la situación de manera directa, opta por ignorar a la persona, privándola de responsabilidades y asignando sus tareas a otros miembros del equipo. Esta exclusión genera roces, incomodidad y procesos duplicados, y esto afecta tanto la dinámica del grupo como la autoestima del empleado.

La indiferencia se extiende incluso a las reuniones, donde la persona es excluida y se ve obligada a enterarse de las conclusiones por terceros. En algunos casos, también se le responsabiliza por errores sin posibilidad de réplica, ante la inexistencia de una comunicación asertiva.

Es en este punto cuando surge la frase recurrente: “te están aburriendo”. La intención es clara: empujar al empleado a renunciar, evitando así el costo de una liquidación. Pero no siempre es un tema económico; muchas veces, la verdadera razón es la falta de valentía del jefe para tener conversaciones difíciles.

El impacto de esta práctica de indiferencia es devastador. Afecta la autoestima, incrementa el estrés y la ansiedad, y hace que la persona cuestione su propio valor profesional. Sin una relación saludable con el jefe, se pierden oportunidades para innovar, la motivación se desvanece y cada jornada laboral se convierte en un calvario.

Si alguien está atravesando esta situación y renunciar no es una opción inmediata, hay estrategias que pueden ayudar a sobrellevarla sin caer en el desgaste emocional o en la confrontación directa:

La primera de ellas es construir una red de apoyo. Contar con personas que escuchen y brinden una perspectiva objetiva es fundamental. Una mirada externa ayuda a establecer límites claros. Segundo, es crucial que también se alineen acuerdos con su equipo. Si tiene empleados a cargo, generar acuerdos internos permitirá que el trabajo sea más llevadero para todos y evitará fracturas dentro del grupo. En tercer lugar, incorpore prácticas de relajación o ejercicio. Suena absurdo en medio de esta situación tensionante, pero liberar el estrés de manera saludable es clave para no llegar al límite de la paciencia y evitar reacciones impulsivas.

Por supuesto, intensifique la búsqueda laboral. Estas situaciones rara vez mejoran. Explorar nuevas oportunidades es la mejor estrategia para salir de un ambiente hostil sin afectar la estabilidad emocional.

Ojalá ninguna persona deba experimentar la indiferencia en el ámbito laboral. Y ojalá cada vez más líderes desarrollen la valentía para gestionar los conflictos con respeto y dignidad, asumiendo su responsabilidad sin recurrir a prácticas desleales. Porque un buen líder no evade, enfrenta.