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Silvia Magnolia Ordoñez es mucho más que una líder tumaqueña; hace parte de los rostros de una lucha silenciosa y poderosa. Como parte de la Asociación Raíces del Manglar, trabaja junto a otros 44 mujeres y hombres del Pacífico en la extracción y comercialización de piangua, camarón, pescado y cangrejo, alimentos esenciales en la cocina de esa región. Pero su labor va más allá del sustento diario. También aprovechan los residuos de las conchas para crear artesanías, transformándolas en piezas llenas de historia y significado.
Este proyecto no es solo un buen negocio. Es una causa. Es la defensa de una práctica ancestral que ha sostenido a generaciones: la recolección respetuosa de la piangua en los manglares. Un oficio que demanda paciencia, largas jornadas de trabajo y, sobre todo, un profundo respeto por la naturaleza. Silvia y sus compañeros han logrado lo que muchos creían imposible: equilibrar la seguridad alimentaria con la preservación del ecosistema. Esa es la verdadera magia de su proyecto, transformar una tradición común, en una revolución silenciosa e imparable.
En el Banco Agrario hemos sido testigos de su esfuerzo. Ya han accedido a tres créditos asociativos y alistan papeles para el cuarto. El negocio ha crecido y sigue generando empleo y progreso en su región. Su historia me deja muchas enseñanzas, pero hay una que resuena con especial fuerza: los actos más sencillos, son los más poderosos.
Por eso, hoy no quiero hablar de grandes cifras, sino de esos pequeños gestos que realmente marcan la diferencia. Silvia me inspiró a compartir con ustedes uno de los proyectos más significativos de nuestro banco: la instalación de wifi gratuito en 793 oficinas. Por supuesto, Tumaco es parte de esta iniciativa.
Sabíamos que esta pequeña acción no iba a solucionar el problema de conectividad que existe en gran parte de nuestro territorio. Pero decidimos intentarlo. Enorme ha sido nuestra sorpresa con el gran impacto que ha generado en las regiones.
Decenas de personas se conectan diariamente desde nuestra oficina, o cerca de ella, para estudiar, leer medios, buscar empleo y hasta averiguan cómo acceder a créditos con el Banco Agrario. Gratis y sin restricciones. Un detalle que puede parecer menor, pero que en lugares con dificultades de conectividad significa oportunidades, información y progreso. Esa es la verdadera inclusión.
Por eso, en el Banco Agrario seguiremos apostándole a esas sencillas iniciativas que facilitan la vida de nuestras comunidades. Aportando al bienestar y crecimiento del metro cuadrado que nos tocó. Esas son las acciones que generan grandes y verdaderos cambios, así como lo hacen todos los días Silvia y sus compañeros. Transformando con pequeños actos.