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En pocos días, los senadores que integran la Comisión VII archivarán la reforma a la salud, al igual que sucedió con el intento del gobierno por hacer aprobar una reforma laboral. Se hizo pública una declaración en la que la mayoría de integrantes anuncian su voto que deja sentenciada de muerte una de las iniciativas más fuertes de campaña de Petro. El gobierno se anticipó a la derrota y explicó que “no se necesita al Congreso” y buscará por la vía de los decretos hacer algunos cambios que la Corte Constitucional permita.
Me parece que el concepto técnico de la Defensoría del Pueblo representa lo que piensan millones de colombianos. La Delegatura para la Salud, la Seguridad Social y el Trabajo Digno de la entidad, explicó que el modelo de salud actual necesita reformarse, pero señaló unos elementos puntuales sobre sostenibilidad financiera, indefinición en procesos de transición, la falta de gobernanza institucional y el incumplimiento efectivo del derecho fundamental a la salud. La Defensoría concluye entonces que algunos cambios son necesarios,pero que suponen rediseños significativos.
El análisis juicioso realizado muestra una visión crítica, especialmente en lo que tiene que ver con estructura institucional. Los datos recopilados por parte de diferentes actores del sistema dejan en evidencia las debilidades del marco regulatorio actual. Para la Defensoría, cualquier reforma debe tener un componente robusto en cuanto a planeación del sistema, que tenga un marco de viabilidad financiera para poder generar un impacto que llegue al ciudadano.
Concluye la Defensoría que las miles y miles de acciones de tutela que se presentan regularmente para que pacientes accedan a procedimientos, servicios y medicamentos, han perdido totalmente su valor. El mar de tutelas está tan desbordado, que no hay aparato judicial que resista la avalancha. El derecho fundamental se viola todos los días, el Estado demostró su incapacidad para atender a sus ciudadanos. Es como una gran novela de Kafka multiplicada por miles en todo el territorio. Los pacientes se agravan o mueren ante los ojos de jueces, prestadores de salud y Gobierno. No parece que la reforma traiga una solución a este problema. Las decisiones judiciales no siempre se cumplen, bien sea porque no son viables o resultan ser poco prácticas. Hay que decir que algunas tutelas se resuelven una vez el paciente ya ha fallecido.
Por encima de la discusión de la estructura del sistema, las decisiones que debe tomar el gobierno actual son de billones de pesos y de miles de vidas humanas. Ningún experto ha podido explicar la razón por la cual la Adres debe sistemáticamente tantos billones de pesos a las EPS. Se volvió costumbre que los pagos se hagan tarde, o no se hagan del todo. Sin flujo de dinero no hay sistema que valga. Hay que mover el billete. En varias oportunidades he descrito en este mismo espacio los diferentes tipos de problemas alrededor de la salud. Juan Luis Guerra se quedó corto con “El Niágara en Bicicleta”. El caos de la salud de Colombia está llegando a dimensiones de Torre de Babel. Una gran cadena de muerte que sencillamente parece inevitable. ¿La negligencia estatal en salud se podría considerar como genocidio? Es posible.