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TRIBUNA EMPRESARIAL 27/03/2025

La estupidez

Ando tratando de explicar cómo las democracias de todo el mundo están cayendo en manos de demagogos. Es difícil entender por qué hay gente que, contra toda evidencia, se deja seducir por charlatanes mentirosos. Buscando respuestas a este fenómeno, me encontré con las ideas del teólogo y pastor alemán Dietrich Bonhoeffer, quien desarrolló mientras era prisionero del nazismo, una teoría sobre la estupidez humana.

La teoría de Bonhoeffer sostiene que la estupidez no es simplemente falta de inteligencia. Más bien se trata de un fenómeno social y moral. Bonhoeffer argumenta que las personas no se vuelven estúpidas por falta de capacidad intelectual, sino porque, bajo ciertas condiciones sociales y políticas, renuncian a su autonomía crítica y se dejan llevar por la mentalidad de rebaño. Según él, la estupidez es más peligrosa que la maldad porque una persona malvada puede ser confrontada y hasta frenada, pero una persona estúpida, atrapada en una ideología o narrativa simplista, es impermeable a la razón y a los hechos.

Las ideas del pastor alemán son perfectamente aplicables a la elección de candidatos populistas como Donald Trump y Gustavo Petro, al igual que a suicidios económicos como el Brexit. En todos estos casos el electorado fue expuesto a una narrativa simplificada y emocionalmente atractiva que jugaba con el resentimiento, el miedo y la identidad.

En el caso del Brexit la campaña del “Leave” se basó en promesas exageradas -como el famoso bus con la afirmación falsa de que el Reino Unido enviaba £350 millones semanales a la UE- y en la demonización de los inmigrantes y las élites europeas. Muchos votantes, en lugar de analizar racionalmente los costos y beneficios del Brexit, fueron seducidos por el cuento de la recuperación de la soberanía nacional sin considerar las consecuencias económicas.

En el caso de la reciente elección presidencial en EE.UU., Trump usó una retórica básica y agresiva. Prometió soluciones mágicas como reducir la inflación el primer día de su gobierno. También, al más fiel estilo nazi, buscó un “enemigo público” (los inmigrantes) a quien culpar de los males del país, incluso atribuyéndoles un falso aumento del crimen. La base electoral de Trump se identificó emocionalmente con su estilo directo y desafiante, ignorando o justificando sus mentiras y exageraciones.

En Colombia también hemos sido víctimas de la estupidez colectiva. La polarización política llevó a muchos votantes a ver en Petro un símbolo del cambio sin analizar su historial de incompetencia. Su campaña apeló más a la indignación que a la razón, y sus seguidores minimizaron su pésima gestión en Bogotá justificando sus errores como persecución política. Además, las redes sociales a través de bodegas financiadas, reforzaron esta percepción creando una burbuja de desinformación.

Según Bonhoeffer, la única forma de combatir la estupidez es con educación, pensamiento crítico y desarrollando una cultura que fomente la reflexión independiente en lugar del seguidismo. Sin embargo, cuando una sociedad ya está profundamente polarizada y manipulada este cambio es difícil. La historia nos muestra que muchas veces solo a través de crisis y procesos dolorosos como el que estamos padeciendo, las sociedades comienzan a replantearse sus decisiones. Espero que este sea el caso de Colombia y que enderecemos el rumbo a partir de 2026.