Analistas 05/03/2025

Un mundo infeliz

La demolición del sistema internacional creado en la posguerra avanza a todo vapor. Para quien tuviera alguna duda sobre el suceso solo basta mirar la inverosímil reunión entre Trump y Zelenski para confirmarlo.

Hay quienes pensamos que esto es una tragedia. Es un mejor mundo aquel donde las relaciones entre países se basan en el respeto mutuo. Donde prima el derecho internacional, se promueve el intercambio comercial y donde se compartan unos básicos entendimientos sobre la dignidad humana. La alternativa es un mundo, como diría Tucídides, donde los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.

Quizás sea demasiado tarde para llorar sobre la leche derramada. Ha sido el creador del sistema, su custodio y principal beneficiario -los Estados Unidos- quien ha decidido que ya no va más. Podríamos desgastarnos en discutir las razones y el alcance de la destrucción autogestionada pero no hay mucha utilidad. Al igual que Humpty Dumpty, el proverbial huevo de las rimas infantiles anglosajonas, el sistema se cayó del muro y por mucho que se quiera ya no habrá forma de repararlo.

Mas útil es vislumbrar qué vendrá después. Si Estados Unidos cree -como afirman algunos racionalizadores de la actual locura- que todo es para repartir el mundo en zonas de influencia, se llevaran una sorpresa. Hablar suave y cargar un gran garrote nunca fue una buena política. Peor será cuando se hable duro, como hacen ahora, y les dé por blandir el mazo. Ya no estamos en el siglo XIX. Refugiarse en las enaguas de la China, Rusia o de Europa no tiene mayores complicaciones, sobre todo cuando el discurso del matón es imperialista y aislacionista a la vez. O sea, es una suma de opuestos que se acaban eliminando.

El próximo gobierno colombiano haría bien en aplacar al ogro ofreciendo las cosas que le importan de nosotros y que son, de paso, también las que nos importan a nosotros. Una política integral contra el narcotráfico que incluya erradicación aérea, interdicción y ataque a los carteles, especialmente a las bacrim de la “Paz Total”, y controles migratorios que desincentiven el tráfico de personas y permitan la repatriación humanitaria de connacionales ilegales en los Estados Unidos.

Sin un policía que patrulle el mundo asegurando el orden, el vecindario será más peligroso. Aquí todavía le tenemos fe a zombis institucionales como la Corte Penal Internacional o las Naciones Unidas, muertos vivientes que deambulan sin mucho propósito. Como decía la excanciller María Ángela Holguín, nos tocará ver cómo nos organizamos entre nosotros. Las organizaciones multilaterales regionales deben ajustarse a esta nueva realidad. La OEA está desdibujada y el BID en veremos. Mientras que la Cidh o la Corte Interamericana se distraen impulsando la agenda woke, los más básicos preceptos de democracia y la seguridad regional se están desvaneciendo.

Es hora de darnos cuenta de que el nuestro no será el mundo feliz que se soñó cuando cesaron los cañones de la Segunda Guerra Mundial, sino uno más fragmentado, incierto y conflictivo.