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Con extrañeza y tristeza recibí el editorial del director de este periódico, del pasado viernes 21 de febrero, en el que se hizo una serie de afirmaciones con las cuales, como gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, Eaab, no puedo estar de acuerdo y, por lo tanto, me permito desmentir una a una:
El editorial, titulado “A casi un año de racionamiento y en inundaciones”, de entrada pone en un mismo escenario dos regímenes de lluvias completamente diferentes: por un lado, los recientes aguaceros que hemos presenciado en Bogotá y buena parte de la región Andina, y por otro, las pocas afluencias en el páramo de Chingaza, que son la causa de que todavía tengamos un esquema de racionamiento de agua.
Hemos dicho en repetidas ocasiones que el hecho de que llueva en la ciudad no significa que esté lloviendo en Chingaza, ubicado a más de 55 kilómetros de distancia y que, al estar en la cuenca de la Orinoquía, tiene un régimen de lluvias diferente.
De hecho, en 2024, las lluvias en Bogotá fueron en promedio, según datos de medición del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático, Idiger, de 1.008,7 milímetros (mm), en comparación con el promedio histórico de 1.114,3 mm mientras que en el páramo de Chingaza las lluvias fueron de 2.907 mm, cifra inferior al promedio de 3.173 mm. Es decir, la afirmación, además de comparar peras con manzanas, carece de validez técnica, pues no llovió tanto en Bogotá y más grave aún, llovió menos en Chingaza.
El artículo afirma que “Ni siquiera los responsables del problema han presentado una solución estructural al mal servicio del agua en Bogotá”, afirmación falsa pues la acumulación de más de 40 millones de metros cúbicos de agua adicionales en el sistema Chingaza se debe a que, no solo presentamos la solución de choque para frenar la posibilidad de desabastecimiento, sino también a que pusimos en marcha el diseño de una estrategia de seguridad hídrica de corto, mediano y largo plazo, acelerando la modernización y optimización de la planta de tratamiento de agua potable, Ptap, Tibitoc, con la cual logramos traer un 20% más agua del Agregado Norte, bajando la presión al Sistema Chingaza, que pasó de aportar 70% del agua a Bogotá, a solo 50%.
Igualmente, desde mayo del año pasado iniciamos gestiones para obtener los permisos ambientales con las diferentes autoridades de la zona de influencia de la Eaab, para ejecutar un proyecto de aprovechamiento de agua residual tratada en la Ptar Salitre, y ser reusada en construcción, refrigeración, riego, limpieza, etc.
En las próximas semanas radicaremos la solicitud de concesión de agua ante la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, CAR, pues después de casi un año de peloteo por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, Anla, parece que ya encontramos el camino.
El director señala también que “la Alcaldía Mayor no ha presentado ningún proyecto de construcción de un nuevo embalse, no habla de traer agua de otras regiones, ni mucho menos de entrar en la era de los pozos artesianos”, afirmación que carece de lógica por las siguientes razones: uno, la construcción de un nuevo embalse es una gestión que requiere de más de un año para su planificación, estructuración, evaluación y presentación. Dos, la Empresa ya trae agua de otras regiones (el embalse de Chuza se alimenta de los ríos Guatiquía y Chuza que provienen de los llanos orientales); y tres, la Empresa sí está llevando a cabo la exploración del potencial de los pozos de agua subterránea con el acompañamiento de organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y otros cooperantes internacionales, con quienes evaluamos si efectivamente ésta puede ser una alternativa de abastecimiento confiable y sostenible para la ciudad, en condiciones de calidad, cantidad y capacidad de recarga; cualquier decisión, sin estos estudios, sería irresponsable.
El editorial retoma el craso error de los regímenes de lluvias, indicando que “mientras en las calles llueve y todo se inunda, en las casas hay racionamiento [...] La gran disculpa es que la lluvia no está alimentando el Sistema Chingaza que depende más de las lluvias al oriente del Distrito Capital, lo cual no es tan cierto porque en esa región está lloviendo con más frecuencia”, aseveración que no solo demuestra un profundo desconocimiento de los sistemas de abastecimiento de la ciudad, sino que, al parecer, confunde el Sistema Norte, alimentado por el río Bogotá, con el Sistema Chingaza, ubicado en un páramo que está, como lo indiqué anteriormente, bastante lejos del oriente de la capital.
El escrito también señala que “la Empresa del Acueducto de Bogotá es como una convidada de piedra y la Secretaría de Ambiente no truena ni suena en todo este asunto, eso sí, ambas entidades aparecen de vez en cuando para hacerle arqueología al problema del suministro de agua”, afirmación que no solo es falsa, sino que raya en el irrespeto por el trabajo de más de 4.000 personas que todos los días trabajamos para que los habitantes de la capital cuenten con un recurso de primera calidad.
Desde el día que asumí la gerencia de la Eaab-ESP, junto con un inmejorable equipo técnico, nos pusimos en la tarea de implementar campañas de cuidado del agua y, luego, de pedagogía frente al racionamiento, estrategia que, de no haberse implementado, tendría hoy a Bogotá sin el agua suficiente para resolver sus necesidades.
Con relación al tema de la “arqueología”, nuestra política siempre ha sido trabajar sin espejo retrovisor, pero, si vamos a hablar de eso, la ciudad perdió 13 años de avance en proyectos de abastecimiento, debido a la instrucción del Alcalde de la época (hoy presidente de la República) de renunciar y retirar el estudio de alternativas para continuar con Chingaza II, error que no cometeremos en esta oportunidad.
El editorial termina con la siguiente frase: “Que una ciudad de 11 millones de habitantes esté con líos de agua en medio de aguaceros, habla del subdesarrollado en que vivimos”, aseveración que denota una inmensa ignorancia frente a la historia del agua en Bogotá, pues nuestra ciudad no solo cuenta con una de las mejores y más grandes plantas de tratamiento de agua potable de América Latina, como lo es la Ptap Wiesner, sino que consume la mejor agua del país, ya que proviene de fuentes superficiales protegidas que garantizan su calidad.
Por otra parte, los encharcamientos en las calles se producen por el colapso de basuras en los sumideros. A diferencia de las graves inundaciones registradas en grandes ciudades del mundo durante este primer cuarto de siglo, en Bogotá contamos con un moderno, gigantesco y robusto sistema de drenaje, que permite transportar el agua lluvia que alimenta humedales y demás cuerpos hídricos indispensables para el equilibrio de nuestro ecosistema.
Hace poco menos de un año el señor Director de este periódico me dio la oportunidad para plasmar en sus páginas mi opinión frente a los diversos temas relacionados con nuestro quehacer, gesto que le agradezco, así como valoro que, en centenares de ocasiones este medio ha replicado la información que emitimos desde la Empresa, por eso no deja de extrañarme que quien dirige este diario muestre tal inquina y desconocimiento en sus palabras frente a una labor que ha sido registrada semana a semana en esta columna.
De ser este mi último escrito en La República, manifiesto al medio mi inmensa gratitud y mi entera disposición para conversar y aclarar cualquier tipo de duda o cuestionamiento. Al director le propongo un café para que podamos dialogar. A usted, señor/a lector/a, gracias por permitirme compartirle mi opinión.