Analistas 02/04/2025

Levante la mano

Ricardo Barreto Jara
Profesor Inalde Business School

Pedir ayuda no es fácil. Nos enfrenta a un torbellino de emociones: miedo al rechazo, vergüenza, sensación de incompetencia o la angustia de sentirnos una carga para los demás. Estas emociones pueden paralizarnos, haciéndonos dudar antes de levantar la mano y admitir que necesitamos apoyo.

Nos convencemos de que es mejor seguir adelante solos, aun cuando la carga sea pesada. Pero la realidad es que todos, en algún momento, necesitamos ayuda, y pedirla no es un signo de debilidad, sino de valentía y confianza en los demás.

Uno de los mayores desafíos de pedir ayuda es vencer la barrera del orgullo. Desde pequeños nos enseñan a ser autosuficientes, a encontrar nuestras propias soluciones, a no depender de nadie. La verdadera fortaleza no radica en la autosuficiencia absoluta, sino en saber cuándo decir: “necesito ayuda”.

Otra razón por la que muchas personas no piden ayuda es el temor por molestar a los demás. Creemos que nuestros problemas son menores en comparación con los de otros o que no debemos cargar a nadie con nuestras dificultades. Sin embargo, esta percepción es errónea. En nuestro rol de profesionales, nos pagan precisamente por resolver problemas y ayudar a otros. Es parte de nuestra función y propósito.

Y ni qué decir en la familia: brindar y recibir apoyo es la base de las relaciones humanas. Evitar pedir ayuda por miedo a incomodar puede generar una distancia innecesaria y crear una barrera con los demás ¿Cómo se puede construir un vínculo con alguien que parece no necesitar nada?

En muchas empresas, el miedo y la falta de un entorno de confianza impiden que las personas pidan ayuda. La cultura organizacional, en lugar de incentivar la colaboración, a veces promueve el temor al juicio o la represalia. Si alguien se atreve a levantar la mano, es porque ha llegado a un límite.

Es responsabilidad de los líderes escuchar y actuar, en lugar de ignorar o minimizar las dificultades. Un equipo que siente respaldo trabaja con mayor compromiso y eficacia, mientras que el silencio forzado solo conduce al desgaste y la frustración.

La falta de círculos de apoyo, tanto en el trabajo como en la vida personal, es un problema creciente. Muchas personas se sienten solas porque no han construido relaciones de confianza a su alrededor. En el ámbito profesional, contar con una red de apoyo puede marcar la diferencia entre resolver un problema con rapidez o quedarse estancado. En lo personal, compartir preocupaciones y buscar consejo fortalece nuestra capacidad de enfrentar desafíos. Construir estos espacios de confianza no ocurre por accidente; requiere intención, comunicación y reciprocidad.

Ofrecer ayuda es un acto de generosidad que también tiene un impacto profundo en quien la brinda. Dar apoyo refuerza nuestro sentido de propósito, fortalece la empatía y genera vínculos más sólidos con los demás. Cuando ayudamos a alguien, no solo aliviamos su carga, sino que también cultivamos la cercanía y la amistad. A veces, el simple hecho de estar presentes para alguien puede marcar una diferencia enorme en su vida.

¿Necesita ayuda? ¡Levante la mano! Busque a alguien que le genere confianza, que no lo juzgue, que le pueda dar consejo, que lo escuche. Hablar le quita la presión del pecho que genera la angustia y le permite pensar con más claridad.