Analistas 02/04/2025

Esperanza

Yamid Amat Serna
Creador conceptual
La República Más

“Cuanto más profunda sea la desesperación, más intensa será la esperanza”

Hay planteamientos que revelan verdades y certezas, que devuelven la alegría de vivir, este, evidentemente tiene su ingrediente.

Reposa en el libro “El espíritu de la esperanza” de Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano, crítico profundo de la sociedad contemporánea, voz y pluma que alientan en medio de la desconfianza hacia el futuro en la que navega gran parte de la humanidad.

Recurro a la licencia que el oficio me permite cuando de citar se trata para inspirar corazones, y procedo a compartir, a manera de miscelánea de barrio, los mensajes que este ejercicio de lectura y diálogo, dejaron en mi alma, pues cierto es que la esperanza es antídoto contra todos los males, pues nos hace perseverar sin cansancio, nos invita a volver a empezar una y otra vez, producto de su pasión por lo nuevo, y su disposición a todo lo que no ha nacido, la esperanza por no perseguir un deseo se hace amplia, abierta y se convierte en un estado de ánimo, en una condición espiritual, sin el espíritu de la esperanza quedamos atrapados en lo igual, quien tiene esperanza confía en lo imprevisible, contempla que haya otras posibilidades contra toda probabilidad, la esperanza define y templa nuestro ser, es el contenido de algo distinto venidero y cierto, la esperanza va más allá de la muerte, consiste en adelantarse al nuevo nacimiento, es la certeza interior que manifiesta que la vida tiene sentido, la esperanza abre un campo de posibilidades infinito, es orientación para el corazón, la esperanza no es optimismo, pues no es el convencimiento que todo saldrá bien, sino la convicción de que algo tiene sentido. La esperanza es el amor y el amor no nos hace ciegos sino videntes, pues el amor abre los ojos, la esperanza es todo lo posible, tiene su propia luz y su propio ímpetu, el espíritu de esperanza alienta nuestros actos, la esperanza es serena pero trae con sigo la fuerza de la vida activa, pues la esperanza nos impulsa a la acción, abraza un movimiento activo que nos inspira para hacer, para proponer, para iniciar una vez más, solo quienes contemplan y saben del dolor del desahucio, conocen la esperanza, la esperanza solo es posible en la fragilidad, es despedirnos del pasado y recibir el futuro, quien tiene esperanza descubre lo inimaginado, la esperanza es trascendencia, es esplendor venidero, vida y esperanza son lo mismo, vivir significa tener esperanza.

Pocas cosas en la vida hubiesen sido posibles sin esperanza, no imagino un mundo sin nacimiento de algo nuevo, imposible una economía fuerte y sólida sin la presencia de la esperanza en sus principales gestores, la familia sin esperanza quedaría reducida a un solo individuo, la esperanza va más allá de todo.

Como vivimos en el mundo de la preocupación, pues la preocupación es el rasgo principal de la existencia hoy, me he atrevido a amalgamar, quizá de manera atrevida, los planteamientos de Byun-Chul-Han con algunos míos, para sumarme a su “Espíritu de la esperanza” y ojalá poder contagiarles del virtuosismo que mora en la esperanza y recordarles que sin ella la vida es un triste ejercicio de supervivencia.