MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Beneficios del TLC con EE.UU.
Completamente errado el presidente Petro al descalificar el TLC de Estados Unidos con Colombia, olvida el mandatario que el grueso de las exportaciones locales van a ese mercado
Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que ignorancia supina es la que “procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse”; dicho de otra manera, “es cuando se hace poco o ningún esfuerzo para eliminar la ignorancia, se la califica de crasa o insulsa; elimina poca o ninguna culpa. La ignorancia fomentada deliberadamente es simulada o estudiada; puede aumentar la culpa”.
El presidente Gustavo Petro ha dicho que “dada la balanza de pagos, cosa que la prensa no comenta, la balanza comercial, cuánto exportan ellos hacia nosotros y cuánto exportamos nosotros hacia ellos ¿Quién gana? ¿Quién pierde?, Colombia pierde en el TLC con los Estados Unidos. Si se le ocurre a Trump acabar el TLC, yo lo aplaudo”, palabras sin sentido pues el Presidente olvida con gracia que más de medio millón de familias cafeteras viven de las exportaciones del grano a Estados Unidos; que 80% de las ventas de flores nacionales se hacen en Estados Unidos, cultivos que emplean en preferencia a mujeres (200.000) en los departamentos de Cundinamarca, Antioquia y Boyacá; que 30% de las exportaciones de frutas van a las ciudades estadounidenses, generando más de dos millones de empleos entre directos e indirectos; y no menor, que más de la mitad de los casi US$12.000 millones en remesas llegan también del motor de la economía mundial. Eso, sin entrar en las cuentas del petróleo, el carbón y otros minerales renegados por esta administración.
El Presidente plantea que los “productos norteamericanos, empezando por el maíz, que puedan llegar sin impuestos y sin aranceles, prácticamente acabaron con los maiceros de Colombia. Así va a suceder y está sucediendo con la leche”, tiene sentido su afirmación en términos de producción local, pero olvida que se trata de competitividad, carreteras, infraestructura, productividad, incentivos económicos, factores que determinan los cultivos.
El Ministerio de Agricultura a través de los años ha sido incapaz de hacer producir el maíz, el sorgo, la soja y otros cereales que demanda la producción de alimentos para animales. El problema de la baja y mala producción local no es de tierras, es de incentivos, de sistemas de riego, de acceso a fertilizantes, de seguros de cosechas, de seguridad en las regiones productoras.
Echarle la culpa al TLC con Estados Unidos de la mala producción local es miope, pues no se mira que el secuestro, la extorsión, las malas carreteras, los fertilizantes caros, son los únicos flagelos. La agricultura en Colombia es y seguirá siendo una quimera, si no se garantiza lo mínimo de seguridad, de inversión, de acceso a los factores modernos de producción, como son las tecnologías de punta, para hacer que la agricultura de precisión convierta a Colombia en una verdadera despensa alimenticia.
Un país sin buena telefonía celular, sin acceso a internet en todos los rincones no puede tener buena producción de alimentos; el problema no es de Trump ni de los TLC, es la desidia gubernamental que no deja que los emprendedores del campo sean más productivos. Romper el TLC con EE.UU. o dejar que Trump lo renegocie es vender el sofá luego de un episodio de infidelidad, tal como reza el adagio popular. Una agricultura basada en azadones de la edad de bronce, jamás será competitiva en un mundo del campo dominado por las nuevas tecnologías, la ciencia y los mercados globales.
Es un hecho, el Gobierno Nacional volverá a insistir en una nueva reforma tributaria que le asegure ingresos para equilibrar el alto volumen de gastos en que ha incurrido
Hay opinadores que aún le temen a la sobrepoblación mundial, sin informarse que países como Colombia “encogen” el número de habitantes a una velocidad muy alta
La percepción de riesgo de los inversionistas sobre la capacidad de pago repuntó 24 puntos básicos por los bandazos durante el último semestre en el Ministerio de Hacienda