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Tasa de interés del Banco de la República
Al término del primer trimestre del año, hay señales de que la inflación seguirá sobre 5% y la consecuencia es que la Junta del Emisor no siga bajando su tasa, que sigue alta en 9,50%
No es bueno para darle más ritmo a la economía que la tendencia a la baja de la tasa de interés del Banco de la República se haya congelado desde hace un trimestre en 9,50%, una cifra que no se ha derramado plenamente entre los cuentahabientes y mucho menos entre los empresarios quienes necesitan dinero más barato para poder echar a andar sus planes de inversión.
Nada más cierto en finanzas que mientras “las tasas suben por ascensor, bajan por las escaleras”, en otras palabras, para que la economía asuma la tasa de 9,50%, debe estar un punto por debajo para los bancos, es decir, alrededor de 8,50%. La Junta Directiva del banco central colombiano llevó a cabo su última reunión del primer trimestre y decidió que dejaba su tipo de interés inalterado en 9,50%, tasa que casi duplica la variación de precios al consumidor anualizada.
Varias cosas se esperaban de esta reunión, la primera era que bajaran el costo del dinero a 9,25%, pues no solo era la primera junta presidida por el nuevo ministro de Hacienda, Germán Ávila, sino también fue la primera de los nuevos codirectores, Laura Moisá y César Giraldo, dos de los tres codirectores nombrados por el actual Gobierno Nacional.
Leonardo Villar, gerente general del Emisor, explicó que la decisión tiene que ver con que mientras el Indicador de Seguimiento a la Economía para enero muestra una variación anual de 2,6%, dato que sugiere que la demanda interna habría seguido fortaleciéndose en el primer trimestre favorecida por el buen comportamiento del consumo privado y de la inversión, la incertidumbre sobre los efectos de las políticas migratoria y comercial de Estados Unidos y sus consecuencias sobre la economía global, sigue creciendo; algo así como buena tendencia en lo local, pero nubarrones externos, lo que ha llevado a los codirectores a dejar las tasas inalteradas, en un momento que se necesita activar el consumo, poner dinero barato en el mercado para que las empresas pueda producir más y las familias consumir lo que necesitan.
Pero la conclusión más elocuente de la decisión del Emisor es que una tasa quieta del Banco refleja claramente una inflación indómita que se mantiene por encima de 5%. Desde el pasado septiembre, el Índice de Precios al Consumidor no baja de 5%, y desde hace tres meses se ha estancado en 5,2%. La inflación del año corrido está en 2,08%; los 12 últimos meses están en 5,28% y la mensual en 1,14%; cifras que obligan al banco central a mantener el costo del dinero en niveles altos: tasa de casi el doble de la inflación.
Es un momento muy crítico para la economía, se experimenta una suerte de calma chicha, tasa de 9,50% para una inflación de 5,2%, tal como comienza el segundo trimestre del año, en el que la crispación política se va a ir acelerando y el bolsillo de las personas, el costo de vida, el bajo crecimiento y el desempleo que afecta a 2,7 millones de personas, serán piedras angulares en el debate político.
Tienen razón los técnicos que aplauden de pie a los codirectores por mantener las tasas altas como barrera contra una inflación, todavía muy alta, la tercera de la región, pero olvidan que son los altos tipos de interés de los bancos los que no permiten vender más casas, comprar más carros y obstaculizan a las familias a salir de vacaciones, tres factores que están deprimidos (por el alto costo del dinero) y que siembran la percepción de que todo están muy costoso.
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